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En Chuao, el cultivo del cacao forma parte de un rito femenino. Las mujeres que siembran este fruto en la hacienda, han perpetuado una tradición milenaria desde la época en que sus antepasados, esclavos negros, sembraban y recolectaban uno de los más finos cacaos del mundo: el Gran Cacao Chuao.
Las mujeres de Chuao imprimen en la faena una pasión poco vista en otros cultivos. Esto se evidencia en el momento en que el fruto es separado del tronco y arrancado con una larga vara, manejada con maestría, hasta el proceso de secado en el patio de la iglesia, allí donde las semillas se agrupan en círculos para que reciban el calor del sol que es el encargado de tostarlas.
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